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Darián Stavans: Reflexiones

55. Planes y Recuerdos

Posted on November 2, 2012 with 5 comments

Planes y Recuerdos

La vida es un viaje. Nacemos (quien ch… sabe de donde venimos), crecemos, nos reproducimos y nos vamos (quien ch... sabe a donde). Esto de existir es un misterio. Parece que le entendemos a la cosa pero en realidad no entendemos nada. Días y días de figurar ideas, moldear situaciones, redefinir y reescribir, decir lo que ya tantas veces se ha dicho, argumentar lo que no queremos aceptar y lo que nos tiene atados, al miedo, a la incertidumbre, al… que voy a saber a qué. Nos volvemos a sentar a plantearnos las cosas, organizamos ejercicios comerciales, sociales, familiares, culturales. En el fondo, todo el tiempo estamos planeando.

Esto de planear es una lucha constante de identidades, de las múltiples caras que tiene la moneda. Parecería que los planes traslucen una batalla entre el universo de la ficción, las fantasías, la ilusión y la esperanza, contra lo tangible, los hechos contundentes, la cruda realidad tan cruda como es la realidad. Y empezamos de nuevo. De hecho nunca paramos, no nos detenemos porque la inercia misma de planear las cosas no nos lo permite. Es lo que nos tiene vivos, creativos y como dicen por ahí, coleando. El simple hecho de sentir que podemos planear nos da seguridad y sentido de vida.

Así transcurre el viaje existencial. Y cada plan se logra para el propósito que fue planteado. Hay planes mal trazados que acaban mal, planes exitosos que obedecen a su buen origen, planes que destellan de más por azar y planes que iban bien pero que los imponderables del sendero los mermó. Hay también otros planes, los no planeados, que nos agarran por sorpresa y que nos obligan a tomar al toro por los cuernos para librarla, indexar esa contundencia a nuestra bitácora y así sumarla a los tantos planes que van escribiendo la historia, el cuento de nuestra travesía.

Todos los planes terminan en historias y de historias queda hecha nuestra memoria. Nuestro propio método científico está basado en la autocrítica que tenemos al hilar esas experiencias y así poder planear cada vez mejor para que el resultado de éstos desemboque en el mejor escenario posible. El plan entonces se convierte en historia y ésta la aplicamos de nuevo para volver a planear. Si las cosas salen bien dejan huellas gratas, si las cosas salen mal dejan heridas. Si aquellos planes llevan afecto y resultan bien, nos retribuyen amor, si salen mal dejan dolor. Al planear con dinero si resulta para bien, nos deja más dinero y confianza, si sale mal nos deja en la bancarrota y con el autoestima por los suelos.

En éste descorrer los telones que tiene el viaje por la vida nos percatamos que nuestro tono emocional, dependiendo de la edad que tenemos, determina de forma casi absoluta nuestra manera de planear. De niños prácticamente no planeamos, lo hacen por nosotros. De adolescentes el entorno hormonal dispersa mucho nuestra capacidad objetiva de planear. Yo diría que empezamos a planear en nuestra temprana juventud que es cuando comenzamos a tener conciencia de nuestra existencia... De jóvenes estamos llenos de pasión pero nos falta la técnica. De maduros tenemos la técnica pero nos falta la pasión, y de viejos prácticamente ya no planeamos, vivimos de recuerdos…

Parecería que es la mente la que se encarga de hacer éste fino ritual. A veces creemos que las emociones o los amores dibujan el camino de éste diálogo silencioso, pero a decir verdad es nuestro cuerpo quien lo determina. No en vano tantas veces nos dicen por ahí… ya no cargues tanto peso, suelta las cosas, te va a hacer daño tanto stress, ya verás que el cuerpo no aguanta… Es cierto, nuestro cuerpo es quien dicta el estado de ésta balanza entre planear y recordar.

El abuelo está sentado en su jardín viendo a lo lejos un bello atardecer entre las cálidas montañas. Llega su nieto apenas un chamaco de siete años a pedirle que le aviente la pelota. El abuelo lo hace y ve como el niño se incorpora con sus demás primitos a seguir jugando. A su lado derecho está otro de sus nietos ya grandecito besando apasionadamente a su novia, haciendo planes idílicos de cuando se casen, que casa van a tener y cuantos hijos tendrán. Más cerca de él a su lado izquierdo está uno de sus hijos en una mesa con unos amigos, uno de ellos su socio, calculando cautelosamente estrategias de mercado. Este, su hijo, de vez en vez enfrascado con la plática voltea a ver a su padre, el abuelo, y le sube con dudas una ceja, el abuelo le responde con una mirada tierna. De pronto entra a la escena la abuela, sale de dentro de la casa y le trae a su marido una taza de chocolate, caliente. Se sienta, lo besa y disfruta junto a él tan hermoso ocaso. Mira alrededor, a los miembros de su familia, se ve a si misma y le dice al abuelo… como dice el Libro de Eclesiastés… vanidad de vanidades… no hay nada nuevo bajo el sol…

Vivimos de planes y recuerdos. Entre más jóvenes más planeamos, entre más viejos más recordamos. Nunca dejamos de planear ni tampoco de recordar. Es la energía o el cansancio corporal lo que determina la ecuación. No hay edades ni tiempos para esto. Cada quien su historia… La sabiduría, la sabiduría de éste romance… está en aquella mirada tierna, y sabia del abuelo…

Darián Stavans.

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54. Cuanta Pasión

Posted on October 30, 2012 with 0 comments

Cuanta Pasión

La pasión nos aplasta si se cumple y nos aplasta si no se cumple también... Este concepto determina el destino y el camino, está ligado a cada acción, permea nuestros actos y forma a las personas, a nosotros y a las otras,  quienes nos acompañan de la mano... por el sendero de la vida.

La pasión es la gasolina que echa a andar la maquinaria. Esta a su vez está construida por varias partes y hay que verla con lupa para entenderla mejor. Solemos decir a manera imprecisa, que la pasión habita sólo en las emociones y en los afectos. A decir verdad no es así. La pasión es el estímulo que enciende al movimiento y forma una mancuerna perfecta con la jerarquía de necesidades que mueven los intereses que tenemos por las cosas. Estos, junto con los gustos y las inclinaciones dejan entrever nuestro temperamento y traslucen la personalidad, narrando apasionadamente el dibujo del carácter y nuestro perfil vital.

Es importante medir la dosis de pasión que le vertimos a las cosas, ya que de eso depende el éxito o el fracaso de las mismas. En el aspecto intelectual tiene gran reverberación ya que si saturas el desdoblamiento de las ideas, da igual que quedarse al margen de ellas, siquiera ni tocarlas. Es como el ejemplo del parlanchín o del pseudo intelectual, difícilmente lo soportas, como al igual hablar con alguien que parece una roca, ya sea por ignorancia, necedad u otro factor, la retroalimentación carece de pasión y como tal, asfixia.

En el mundo emocional sucede algo similar. Hay que cuidar la pasión con la que lo miramos, o seremos anzuelos de nuestra propia condición. Al miedo, a la alegría, al rencor, al dolor, a todos los motivos de la vida emocional, hay que cuidar el ángulo visual y el dosificador con el que vertimos de pasión cada paso que les damos. Si no es así, precipitamos las historias, y un ostensible equívoco manejo pasional. Aquello terminará en crisis y sentencia, que clamará auxilio urgente al escenario pasional, para asistir con precaución cada aspecto ahí vivido.

En el amor, cuan difícil la pasión. Cual será la cantidad exacta que necesitamos para poder amar con cautela, con certeza ? . La pasión se confunde con el amor dando la impresión que son valores uniformes, casi uno es el otro cuando en realidad no lo son. Una cosa es amar y otra cosa es hacerlo con prudencia. Si apostamos todas las cartas al amor, lo dotamos de exceso de pasión y de paso nos fregamos. Si amamos sin pasión es peor, es como acariciar una rodilla y sentir nada, o casi nada…

Hacer el amor es un acto de pasión, contiene la cantidad exacta y da como resultado un evento de placer. El sexo como tal es un acto de violencia, instintivo y animal, pero en nosotros los humanos contiene una sobredosis de pasión, desvirtúa el encuentro amoroso y acaba aquello en un desastre.

Cuanta pasión se necesita para que la vida esté llena de pasión ? . Cual es la medida exacta que las cosas merecen para ser dignas y creativas ? . Es complicado y el estado de movimiento lo complica peor. Lo que si es un hecho es que vida sin pasión es la parálisis total, y vida con derroche de pasión es obscura, incongruente, torpe y confusa. Es tarea difícil esto de revisar la pasión que a diario le ponemos a las cosas, un escaneo que estamos obligados a cumplir. De lo contrario la vida termina ahogada y sofocada, falla, por falta o por exceso de pasión.

La pasión nos aplasta si se cumple y nos aplasta si no se cumple también... El concepto es tan apasionado que solo un texto frío y calculado como éste lo equilibra. Seguro estoy de ésto que afirmo, que si no fuese así... ya ni letras aquí, existirían...

Darián Stavans.

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53. Ya lo Superé

Posted on October 29, 2012 with 0 comments

Ya lo Supere

Al convivir y conversar, a menudo salen a relucir en las pláticas, frases que son comunes de escuchar… Ya lo superé… Le está costando mucho trabajo pero alguna vez lo va a superar… Es difícil que lo supere porque no se quiere dar cuenta… De alguna manera lo niega, lo que pasa es que inconscientemente le da miedo superarlo, etc...

El “superar” las cosas tiene mucho de confusión. Seguramente alguien puso de moda la palabrita y pulula por ahí ya desde hace rato y no deja de escucharse. Es frecuente oírla por todos lados, entre los miembros de la familia, la conversación entre los “chavos” y bueno en los restaurantes, a kilómetros de distancia, nunca deja de sonar la famosa frase… “ya lo superé…”.

Insisto en que tiene mucho de confusión porque la palabra en si no dice nada. Superar… Que es eso ?  . Super ni palabra es en el castellano auténtico, es mas bien un cacho de palabra que con imaginación pudiera significar algo así como poner algo encima de otra cosa, es también como sinónimo de fuerza derivado de un “spanglish” como super-man. Se acostumbra usarla para ir a la tienda de autoservicio ya que muchas de éstas llevan de nombre alguna combinación de letras extrañas que colocan por ahí en medio de ellas la palabra “super”, y alguna otra explicación excéntrica que algunos que la utilizan le quieren dar, inclusive el decir que algo está increíble, es decir que está “super”.

En cualquiera que sea su uso o su aplicación, superar me da una sensación vertical, como ascendente, algo así como ir escalando pedestales o peldaños y avanzar de forma constante e infinita en una historia sin fin. Sin embargo su uso frecuente es cuando la gente la utiliza como reflejo de abordar alguna situación, o en su defecto no haber podido hacerlo. En charlas de cafecitos, el chisme entre novios, parejas maduras o en entrevistas con el psicoanalista es casi inevitable escucharla, con esa determinación, reflejando alguna circunstancia dificultosa ya librada, o la frustración de ver que el otro no logra “zafarse” de alguna de ellas.  

Las cosas no se “superan”… se “resuelven”… Superar pertenece a un lenguaje especulativo, impreciso e intangible, argumenta. Resolver es un recurso terrenal, técnico, tangible y comprobable. Resolver es vivir, poner inventiva e imaginación para solucionar determinada circunstancia. Superar es sobrevivir, es irla llevando…

Cada vocablo no nada más refleja la esencia precisa de su concepto, sino también trasluce la escuadra misma de quien la usa.

Parece más clara ahora la aplicación de las palabras. Los que resolvemos, utilizamos las ideas, acercándonos al miedo y al cambio que ello significa y como resultado de la búsqueda a manera de remuneración está el “resolver”... Somos los líderes del grupo… Los que superan, obedecen a sus conductas aprendidas, repiten esquemas sin acercarse ni al miedo ni a las ideas ni al cambio, y su remuneración al final es vivir de ladito, argumentar y lavarse el coco diciéndose a si mismos que “superaron” las cosas... Son sardinas escurridizas…

Si sigues superando vas a llegar muy alto, al cielo, y de dónde te vas a agarrar ?... Si resuelves vas a llegar muy bajo, al piso, pero en realidad habrás trascendido la historia, perteneces ya de manera automática al mundo de los cielos...

Superaste o Resolviste ?... Tienes dudas ?...  Valdría la pena echarle una nueva y detenida leidita al texto…

Darián Stavans.

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52. Deja que Te Conozca

Posted on October 28, 2012 with 0 comments

Deja que Te Conozca

Eso de conocerse a si mismo es otra frase banal. Una más que se suma a las tantas otras que decoran pósters con diseños románticos y que suelen enmarcar paredes de retiros espirituales, correos electrónicos que recorren el ciberespacio, o charlas que a menudo escuchamos entre varias participantes del comité de madres durante el recreo de alguna entrevista escolar. Llevo años dándole vueltas a la matraca y apenas y veo luces de lo que significa conocerse a si mismo.

Nada existe en uno sin los demás. Por lo menos eso sabemos. El simple hecho de pararnos frente al otro da un contraste y como resultado del encuentro, una diferencia. Vemos al otro y nos vemos a nosotros, somos distintos y eso nos distingue. Así caminamos y nos encontramos con otros y de nuevo nos distingue la diferencia. Atamos cabos, la diferenciación define y a manera de confirmación nos va dando identidad.

Este ejercicio lo realizamos de manera constante y en la mayoría de los casos sin darnos cuenta. Cuando criticamos o chismeamos (el lavadero pues), lo que en realidad buscamos es el punto de comparación y como consecuencia la diferencia. ¡ Ya oíste… el otro es así… ¡ Qué crees… le sucedió esto o aquello… Buscamos protección en la respuesta. El que al otro le pase algo es o porque queremos que nunca nos pase o porque envidiamos a montones que nos suceda. De paso nos define y también da identidad.

Imaginar la tarea de conocernos en su totalidad es algo que aterraría a cualquiera. Es imposible hacerlo. Conocer qué ? .  Nuestra psique, nuestras emociones, nuestros afectos ? . Pero como hacerle si están siempre en estado de movimiento. Conocer qué ? . Lo innato o lo aprendido. Lo innato es inconsciente e intuitivo y si queremos domarlo con la mente, nos falla, las acciones son automáticas, pisan la logística de las ideas. Lo aprendido… que horror…! , luchamos todo el tiempo por despegarnos lo que nos adhirieron y que no nos gusta, quedarnos con lo que si nos significa y una vez logrado…, cambiamos de edad y ya se movió la cosa de nuevo y de paso la identidad.

Todos tenemos una parte despersonalizada, la que diplomáticamente discursa. Gracias a Dios que existe, sería de locos echar la carga completa en cada saludo social que paso a paso hacemos en el deambular cotidiano. Entonces el otro ve a uno y nosotros sabemos del otro, me refiero a la verdad real y a la percibida cuando suceden los encuentros. Quien nos conoce más ?. El otro que recibió el digerido colado de nuestro impacto vital o nosotros que habitamos en el laberinto de la identidad ? .

No hay forma de conocerse a si mismo al ciento por ciento. Es un error plantearlo y envolverse en la tarea de realizarlo. Somos lo que somos y no hay forma de cambiarlo. Tenemos solo el chance de depurar nuestra condición o de enviciar el proyecto. Conocerse a si mismo es algo tan complejo como cargar la historia de la humanidad completa. Cuando defines, algo ya se movió. Cuando atas cabos siempre dejas algo suelto. La identidad es multifacética porque somos hijos de alguien, amigos de éstos y aquellos, padres o madres de los hijos, nietos de aquel… A quien conoces o pretendes dominar, si es tan versátil lo cosa.

La huella digital es lo único nuestro, indeleble. Ahí nada se filtra, ni los “yos”, ni los “otros”, ni el tiempos con sus inclemencias. Te sirve de algo saberlo o mas bien a los demás conocerlo ? .

Hay que creer en algo y defenderlo. Si después cambias tendrás que defenderlo otra vez . Haz lo que te gusta. Siéntate a contemplar un bello paisaje y date a ti mismo un rato de goce. De conocerte a ti mismo, olvídalo, no pierdas tu tiempo… Haz bien tu trabajo. Los demás se encargarán de juzgarlo y al hacerlo, te darán tu identidad…     

Darián Stavans.

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51. Mi Cielo

Posted on October 26, 2012 with 1 comment

El Cielo

Cuando pedimos por nosotros a manera personal o en rituales religiosos en cualquiera de sus versiones que son en las que creemos, estamos acostumbrados a mirar hacia arriba. Lo aprendimos por imitación, viendo a nuestros padres, tíos o abuelos rezar o realizar actos de fe, y lo que se nos grabó es la idea de la súplica expresada en una línea vertical ascendente. Ya sea juntando las manos a la altura del pecho y mirando hacia arriba, ya sea hincados suplicando y mirando hacia arriba o diciendo palabras y mirando hacia arriba…

Los recintos religiosos y sus congregaciones realizan rituales pidiendo clamor a símbolos que se encuentran en un pedestal más elevado de donde nos encontramos. Los símbolos tienden a ser más grandes que uno y en ocasiones hasta se multiplican. En algunas religiones los símbolos no existen y la súplica se da a manera de introspección pidiendo sosiego a la superioridad que de forma automática imaginamos infinita, creadora del universo, etc…

Aparece El Cielo... Ante ésta petición cualquier cielo es perfecto. Hay cielos serenos y transparentes, obscuros y terroríficos. Existen inspiradores y meditativos, abiertos o cerrados, lluviosos y nublados, azules, blancos y de tantos colores, como un prisma. No nos importa, cualquier cielo es bueno. Entre más recorremos el mundo más cielos descubrimos y más peticiones le hacemos, lo miramos, oramos en silencio, y pedimos hacia arriba… por nuestro bien…

Pero de donde ch… sacamos esto de ver al cielo para realizar actos de fe ? Porqué no miramos de frente, o a lado ?. Porqué no miramos hacia abajo que sería como bastante más lógico ya que es la tierra que pisamos y por simple sentido de gravedad nos da seguridad ? . A nadie se le ha ocurrido rezarle a la tierra, casi pedirle a las hormigas que salven nuestras almas y calmen nuestro dolor ?. Porqué, porqué hacia arriba ?. Qué tiene el cielo de atractivo que se convierte en fuerza magnética, cuando simplemente es un espacio infinito, es caer al vacío, a la eternidad. Porqué ahí encontramos la seguridad buscada, el oasis que calma ésta carga interior ? .

La respuesta es Freudiana. Es pura aritmética y un asunto de instinto, supervivencia y protección. De niños buscamos a un ser mayor en edad y en tamaño para que calme nuestras necesidades. Ya sea la madre con su alimento, el padre tomándonos una foto cotidiana o el abuelo que nos enseña los monumentos urbanos. En la escuela es la maestra o la directora, (la que nos cae bien, no el ogro) la que nos salva de la manada, acaricia nuestra espalda y con un dulce pañuelo borra las lágrimas que se deslizan tiernamente por las mejillas. El hermano mayor ayuda al menor. El primogénito de los primos resuelve con un buen discurso y organiza al equipo que se encuentra en caos… Hay miles de ejemplos pero siempre es un ser mayor, en tamaño y edad.

Al volvernos adultos se homogeneiza la cosa y ya no hay a quien buscar para satisfacer aquella propuesta aprendida. De jóvenes la pasión descalifica la cátedra que dan los padres maduros, y los adultos mayores están débiles y distan de poder representar algún ícono lo suficientemente sólido como para venerarlo y como tal santificarlo. El juicio adulto además nos impide objetividad ya que sabemos lo imperfectos que somos y conocemos “los trapitos” escondidos que los demás esconden.

Que nos queda entonces como reminiscencia de aquel aprendizaje infantil de buscar calma en alguien mayor ?... Mirar al cielo… y crear de éste al ser supremo que posee la fuerza de ser poderoso y que es infinito, en cualquier parte que estemos, cualquier color o forma que lo distinga, será infinito, siendo garantía palpable, la prueba fehaciente que nunca nada ni nadie será tan grandioso como él…

La realidad es que no nos quedó de otra. No nos queda más que el cielo como elemento protector el cual podemos dimensionar a la medida de las necesidades. Como es abstracto se controla solo y al hacerlo, lo hacemos nuestro… El cielo es hermoso... Posee inducción y evocación para adentrarnos en los pensamientos… Resolverá algo ?. Quien sabe… Creo que más bien somos nosotros quienes resolvemos a través de él, pero su imagen sublime, pura y transparente, ayuda.

A mí en lo personal me gusta el piso. La ley de gravedad me da seguridad y me resuelve el sentido vital… Pero debo admitir que alguna vez mirando un atardecer en la playa, concentrando mis pensamientos en el trazo del horizonte mirando como el sol desaparecía del cielo… un cangrejo salió debajo de la arena, se subió a mi pie izquierdo y salí en pánico corriendo de ahí.

Creo que por deducción y por definición me sigo quedando con El Cielo… como todos los demás…

Darián Stavans.

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